Llámalo
como quieras, como mejor te convenga, llámalo inseguridad si quieres, miedo si
te parece más conveniente, llámame infantil a mi o dime que soy incapaz de
madurar y me refugio detrás de una fachada construida con palabras producidas
por mi propio deliro mental más comúnmente conocido como “ralladas”.
Hazme
preguntas banales de esas en las que mi respuesta nunca es clara, porque la
pura verdad es que no sé cómo enfrentarme a ellas. Me hablas de reaccionar y me
incitas con tus millones de preguntas, de las cuales nunca obtienes la
respuesta deseada, a esa misma reacción. Y sí que sé que probamente lo hagas
por mi bien, aunque a veces de tanto hurgar en la herida sangra y duele, pero
lo que tengo absolutamente claro es que no pienso volver a arrepentirme por
tomar decisiones precipitadas, así que cada cosa a su tiempo y cada tiempo a su
cosa…
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