Eh
espera, para un momento, escucha y dime que oyes; me gustaría oír que eso que
escuchas es la tranquilidad del silencio, el piar de unos cuantos pájaros rindiéndole
homenaje con sus cánticos a la primavera o quizá el soplar del viento
alborotando esas primeras y diminutas briznas de hierba, pero eso sería una utopía…
Vivimos
en un mundo ruidoso, no sé si por naturaleza o por dejadez de los que en el
vivimos, en un mundo tan ruidoso que incluso en una habitación insonorizada en
medio de la nada llegaríamos a escuchar ruido, aunque solo fuera el ruido del
desorden de pensamientos que tenemos
cada uno en nuestras cabezas, pensamientos que incluso pueden llegar a
ser más ruidosos que el propio mundo. Porqué
si pensamos que el mundo no tiene ni idea de que es eso del silencio quizá sea
porque nosotros tampoco tenemos ni puta idea de qué coño es eso del ruido, o más
bien sepamos perfectamente que es porque lo llevamos dentro de nuestras cabezas
pero en vez de pararnos un momento y solucionar nuestros propios ruidos, que no
son más que preguntas a las que nadie se ha molestado en dar respuestas e ideas
que nunca han sido escuchadas, nos empeñamos en hacer del mundo algo ruidoso
para taparlos.
Y
si puede que el silencio, entendido como ausencia de cualquier sonido, no
exista pero tampoco es necesario que el vecino de enfrente oiga nuestra música solo
porque nosotros tenemos miedo de lo que hay dentro de nuestra propia cabeza y
no, no nos engañemos, no se trata de que nos guste más la música alta, si te
gusta da igual el volumen en el que esté, o que eso del silencio no vaya
contigo, nada de eso , se trata de un miedo incondicional a enfrentarnos a
nuestra propia realidad.
Asique baja el volumen de esos auriculares que llevas todo el día pegados a la oreja y que tienen la misma función que si llevaras un radiocasete en el hombro, porque cualquiera que pase por tu lado es capaz sin ningún esfuerzo de oír lo que escuchas, y resuelve las inquietudes que se encuentran alborotadas por tu cabeza para poder disfrutar del silencio del mundo, o del sonido del mundo sin ruido que lo tape, porque no hay nada más bonito que el silencio, o el sonido natural del mundo en su paso por cada una de las estaciones.
Asique baja el volumen de esos auriculares que llevas todo el día pegados a la oreja y que tienen la misma función que si llevaras un radiocasete en el hombro, porque cualquiera que pase por tu lado es capaz sin ningún esfuerzo de oír lo que escuchas, y resuelve las inquietudes que se encuentran alborotadas por tu cabeza para poder disfrutar del silencio del mundo, o del sonido del mundo sin ruido que lo tape, porque no hay nada más bonito que el silencio, o el sonido natural del mundo en su paso por cada una de las estaciones.
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