Ese
momento en el que te relajas, decides dejarte ir y abandonarte en medio de una
marea de pensamientos. Ese momento en el que todo comienza a cobrar sentido,
todo encaja, incluso casi crees poder escuchar el chasquido de las piezas al
unirse. En ese preciso instante es cuando realmente se es consciente de la
realidad, de que por mucho que te esfuerces por luchar contra algo, por negarlo
y no asumirlo, no hay vuelta atrás. En ese momento es cuando una oleada de
sentimientos te invade por dentro, una mezcla de miedo, vértigo, se te da la
vuelta al estómago y el corazón deja de latir por un breve lapso de tiempo que
se te hace eterno. Después vas abriendo los ojos poco a poco y cuando lo haces,
ya sea con una sonrisa en los labios o la cara empapada en lágrimas, te das
cuenta de cómo las cosas pueden cambiar de un momento a otro, sin apenas darnos
cuenta y que la vida es caprichosa e impredecible, con sus altos, sus bajos y
sus giros de ciento ochenta grados. Puesto que la vida es caprichosa,
impredecible, maravillosa e incluso cruel en muchas ocasiones; valora lo que
tienes, lucha por lo que quieres y aprende a asumir tus sentimientos y tus
errores sin avergonzarte de ellos. Porque… como dice la canción “Nadie dijo que era fácil darlo todo
por un casi”.
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